
¿Qué prácticas de salud del suelo pueden impulsar la productividad de las huertas?
Una parcela de manzanos Honeycrisp en la Huerta Experimental Sunrise de la Universidad Estatal de Washington (WSU), plantada en 2023 para comparar el impacto de distintos tratamientos del suelo, ya ha comenzado a ofrecer respuestas, y los investigadores esperan obtener más información en los próximos años.
“El tratamiento con cobertura orgánica es, hasta ahora, nuestro campeón”, afirmó Tianna DuPont, especialista de extensión de la WSU y directora del proyecto de investigación a largo plazo financiado por la Iniciativa para la Salud del Suelo de Washington (Washington Soil Health Initiative). “Ya hemos observado aumentos significativos en el crecimiento de los árboles de segundo y tercer ciclo vegetativo”.
Los beneficios parecen derivarse de cómo la cobertura orgánica modifica el equilibrio hídrico del suelo al aumentar la infiltración de agua y reducir la evapotranspiración, lo que permite retener la humedad del suelo incluso durante períodos secos o fallos en el riego, explicó DuPont. Se aplicó cobertura orgánica en 93 yardas cúbicas (71.1 metros cúbicos) por acre, suficiente para formar una capa de 2 a 3 pulgadas (5.1 a 7.6 cm) en las hileras, y luego se retiró el material de alrededor de los troncos de los árboles jóvenes. Se añadirá una nueva aplicación cada tres años.
Otros tratamientos de la parcela incluyen:
—Un enfoque con alto contenido de carbono que combina la aplicación de 10 toneladas por acre de abono antes de la siembra, con un manejo del cultivo de cobertura mediante cortar y soplar, y el uso de fertilizantes y herbicidas sintéticos.
—Un enfoque orgánico con alto contenido de carbono que prescinde de los insumos sintéticos.
—Un tratamiento habitual entre los productores que utiliza fertilizantes sintéticos y herbicidas.

Ahora que los árboles han entrado en producción, un equipo de científicos de la WSU, del Servicio de Investigación Agrícola del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) junto con Agriculture and Agri-Food Canada, analiza el bloque desde todos los puntos de vista —las propiedades del suelo y del agua, el microbioma del suelo, las poblaciones de nematodos, los niveles de nutrientes, el crecimiento de los árboles, el rendimiento y la calidad de la fruta—.
“Estamos muy contentos de haber comenzado la cosecha el año pasado y tenemos muchas ganas de ver si los tratamientos para mejorar la salud del suelo tienen un impacto en el rendimiento y la calidad de la fruta”, afirmó DuPont.
Después de todo, ahí es donde los productores encontrarán el valor del cambio de prácticas.
Aspectos destacados del día de campo
En las jornadas de campo de verano de 2024 y 2025, el equipo de investigación compartió los resultados actuales del proyecto.
En 2024, el fisiólogo de la WSU Lee Kalcsits demostró los beneficios de la infiltración de agua en los árboles con cobertura orgánica, en comparación con la costra hidrófoba que puede formarse en suelos desnudos, vertiendo agua sobre el suelo en cada parcela. “El beneficio (a corto plazo) de la cobertura de madera es amortiguar las condiciones ambientales”, afirmó.

La descomposición y liberación del material rico en carbono con el paso del tiempo debería modificar también la actividad biológica del suelo.
Tracey Somera, científica especializada en suelos del USDA, afirmó que, gracias a la secuenciación del ADN, puede observar cambios en la composición de la comunidad microbiana del suelo en el tratamiento con cobertura orgánica. Aún no está claro qué implican esos cambios en la rizosfera para la salud del suelo o el funcionamiento de los árboles.
Somera y el nematólogo Tom Forge, de Summerland, Columbia Británica, Canadá, también han detectado alteraciones en las poblaciones de nematodos que indican un cambio en la red trófica del suelo.
DuPont demostró la técnica de cortar y soplar, que utiliza una cortadora de descarga lateral para empujar los recortes del cultivo de cobertura de festuca y bluegrass hacia las hileras. Se trata de un enfoque de “cultivar tu propia cobertura orgánica”, que en una temporada aportó aproximadamente una tonelada de biomasa y un tercio de tonelada de carbono por acre, afirmó.

En cuanto a cómo afectan los tratamientos al almacenamiento de carbono en el suelo, DuPont señaló que se trata de una cuestión a largo plazo que requiere un ensayo prolongado.
“Dado que el carbono del suelo se acumula lentamente con el tiempo, pueden pasar años antes de que se observe un cambio en la materia orgánica. No esperábamos ver cambios en el POXC ni en el carbono orgánico del suelo todavía”, afirmó. (POXC es la abreviatura de “Permanganate Oxidizable Carbon”, un análisis de suelo habitual que se utiliza para medir el carbono activo)
Esta temporada, los investigadores están añadiendo root tubes (tubos de observación transparentes instalados bajo tierra para estudiar el sistema radicular) con el fin de hacer un seguimiento de la arquitectura y el crecimiento de las raíces. También podrán tomar más medidas de la calidad de la fruta a medida que los árboles Honeycrisp entren en su cuarto ciclo vegetativo.
Nuevos ensayos
En 2025, se añadieron dos nuevas plantaciones experimentales, lo que elevó a 7.5 acres la superficie dedicada al estudio a largo plazo de la salud del suelo.
Una parcela de cerezos Skeena sobre portainjertos Gisela 12 recibirá el mismo conjunto de prácticas de salud del suelo que la parcela de manzanos Honeycrisp.
La segunda plantación se centra en un manejo alternativo de la enfermedad de la replantación (caracterizada por una menor productividad en huertas en donde se vuelve a plantar el mismo tipo de frutal o una variedad muy similar), utilizando tanto semillas de mostaza como condiciones anaeróbicas para modificar el microbioma del suelo sin recurrir a fumigantes. Este ensayo se basa en el trabajo previo que DuPont y sus colaboradores del USDA han realizado durante la última década.


“El ensayo de replantación es la siguiente fase. Estamos muy ilusionados porque ya estamos observando cambios en la composición bacteriana y fúngica del suelo en general y en los nematodos de las lesiones”, afirmó. “Queremos comprobar que obtenemos un crecimiento similar o mejor que con la fumigación. Nuestra hipótesis es que estos cambios beneficiosos en las comunidades bacterianas y fúngicas se traducirán en mayores rendimientos”.
Los ensayos anteriores han demostrado que tanto la incorporación de harina de semillas de mostaza al suelo de la hilera como el uso de biomasa adicional, agua y láminas de plástico para crear condiciones anaeróbicas modifican el bioma del suelo de manera que aumentan el éxito de la replantación, incluida la supresión de los nematodos de las lesiones que intervienen en el complejo de enfermedades de la replantación. El costo de la harina de semillas y la creación de las condiciones anaeróbicas plantean algunas complicaciones.
Este ensayo, plantado en la primavera de 2025 tras los tratamientos del suelo realizados en el otoño de 2024, busca poner a prueba estos enfoques a gran escala, con 0.14 libras por pie cuadrado (0.68 kilogramos por metro cuadrado) de harina de semillas de mostaza aplicada en la hilera, lo que representa menos de la mitad de la dosis utilizada en ensayos anteriores.


El enfoque anaeróbico requiere menos insumos, pero necesita varios pasos para aplicarse.
“Irrigamos por pulsos para mantener la humedad del suelo por encima del 30 %, de modo que los organismos que viven en ese entorno anaeróbico produzcan compuestos tóxicos para los patógenos del suelo”, explicó DuPont. “Para obtener esos microbios, tenemos que alimentarlos, crear las condiciones en las que viven y atrapar los compuestos volátiles”.
Hasta el momento, los tratamientos muestran resultados prometedores. El ensayo evaluará los efectos sobre el crecimiento de los árboles, y, a largo plazo, el rendimiento y la calidad. •
