
Tras dedicar 42 años para mejorar la rentabilidad de las huertas de manzanos de Nueva York, Terence Robinson —profesor de la Universidad de Cornell y fisiólogo de cultivos frutales— llegó a la conclusión de que todo se reduce a las variedades que los productores elijen cultivar.
“Resulta una lección de humildad darse cuenta de que, por más trabajo que haga en fisiología, sistemas de cultivo, raleo o cualquier otro aspecto, la elección de la variedad prevalece sobre todo”, declaró Robinson en julio ante la Asociación Internacional de Árboles Frutales (IFTA, International Fruit Tree Association). “Si eliges la variedad equivocada, hagas lo que hagas, no obtendrás beneficios”.
Robinson, quien planea jubilarse en diciembre de este año, intervino de forma remota ante la IFTA durante la gira de estudio del verano por el valle del Hudson, en Nueva York. Con ello pone fin a una carrera en investigación hortícola que favoreció la adopción de plantaciones de alta densidad, portainjertos enanos y la administración de precisión de la carga de cultivo en la industria de la manzana.
Señaló que, para lograr un crecimiento óptimo del fruto, es necesario combinar las variedades rentables con los portainjertos adecuados. Recomienda Geneva 969 o G.214 para la Honeycrisp; G.257 o G.969 para la NY1 (comercializada como SnapDragon); G.11 o G.41 para la Gala; y G.214, G.969, G.41 o G.11 para la MAIA-1 (comercializada como EverCrisp).
Robinson señaló que la densidad de plantación óptima es de 2,5 a 3 pies (76,2 a 91,4 cm) entre árboles y de 11 a 12 pies (3,5 a 3,7 metros) entre filas. Según indicó, las copas estrechas que permiten mayor intercepción de la luz del sol mejoran la calidad de la fruta.

Robinson dedicó los últimos 15 años de su carrera a estudiar la administración precisa de la carga de cultivo. Colaboró con empresas como Vivid Machines, Outfield Technologies, Orchard Robotics y Aurea Imaging en tecnologías de mapeo de huertas y recuento de carga de cultivo. Para el recuento de yemas, recomendó utilizar una cámara digital montada en un tractor o en un vehículo todoterreno, en lugar de un dron.
Indicó que la gestión de precisión de la carga de cultivo comienza con la poda y recomendó calcular 1,5 yemas por cada fruto objetivo; esto ayuda a garantizar que el posterior raleo químico permita alcanzar la carga de fruta deseada.
Lamentablemente, las condiciones meteorológicas suelen alterar los resultados del raleo químico en los estados del este. A veces los productores optan por dejar más yemas como medida de seguridad; en otros, prefieren una poda más intensa para evitar un exceso de fruta. Cada productor debe decidir qué nivel de intensidad de poda le resulta adecuado, pero es fundamental realizarla basándose en un objetivo de carga de yemas, afirmó.
Robinson ofreció más recomendaciones para la gestión precisa de la carga de cultivo:
—Aplique el raleo de precisión en la fase de floración y después de floración.
—Utilice el raleo variable cuando la floración sea irregular; el mapeo de la floración para detectar variabilidad y las aplicaciones químicas de raleo a dosis variable muestran resultados prometedores.
—Realice el raleo manual de precisión.
—Utilice microtensiómetros —instrumentos que cuantifican el estrés hídrico del árbol— para optimizar el riego y maximizar el tamaño del fruto.
—Use fertilización de tasa variable basada en mapas de precisión para gestionar el equilibrio de nutrientes en la fruta, lo que favorece un mejor comportamiento durante el almacenamiento. •
