
El cierre de la planta de procesamiento de Del Monte Foods en Yakima, Washington, repercutió en todo el sector de la pera del noroeste, tanto en el de productos procesados como en el de productos frescos.
Mientras el gigante de los alimentos procesados atravesaba su proceso de bancarrota, los productores de Washington y Oregón desviaron gran parte de sus peras Bartlett contratadas para procesamiento en 2025 hacia el mercado de fruta fresca. Para crear espacio, los empacadores elevaron sus estándares de calidad y calibre, lo que dejó a los productores de peras frescas con menos cupos de entrega.
“No empaquetamos fruta de calibre pequeño porque sabíamos que el mercado estaría saturado”, afirmó Shawn Cox, presidente de Peshastin Pear Packers, del valle de Wenatchee, en Washington.
Para agravar aún más la situación, los productores de peras cosecharon más fruta que en los dos años anteriores, con 19 millones de cajas de 44 libras (19.96 kilos) destinadas al mercado de productos frescos. Según los empacadores, estos dos factores provocaron una caída de los precios FOB de entre USD 10 y 20 por caja en todo el sector.
En mayo, Del Monte anunció el cierre de su planta en Yakima y, en julio, la empresa se acogió al Capítulo 11 de la ley de quiebras en un tribunal federal de Nueva Jersey. El gigante alimentario había sido el mayor procesador de peras del noroeste, llegando a enlatar en su momento 50,000 toneladas. Sin embargo, esa cifra se fue disminuyendo con los años, al igual que la demanda de alimentos procesados por parte de los consumidores.
En 2025, Del Monte tenía contratadas unas 21,000 toneladas de fruta para procesamiento, pero rechazó aproximadamente dos tercios de esos contratos durante su proceso de bancarrota, anunciando la decisión apenas unos días antes de la cosecha, según explicó Andrew Sundquist, presidente de la Asociación de Productores de Peras para Conservas de Washington y Oregón (Washington-Oregon Canning Pear Association). Según los registros judiciales, en total se rechazaron 72 contratos de peras del noroeste.
“El resto se quedó en el suelo de la huerta, o los productores buscaron otros lugares donde venderlo”, dijo Sundquist, un agricultor del valle de Yakima.
La asociación negocia los precios contractuales con Del Monte y Neil Jones Food Co. de Vancouver, Washington, la única procesadora en el noroeste que sigue en funcionamiento. La incertidumbre generada por el cierre de Del Monte retrasó las negociaciones habituales, obligó a los productores a aceptar precios más bajos y a entregar únicamente fruta de calidad superior, dejando fuera la fruta de categorías inferiores.

En septiembre, la asociación instó a los productores a presentar una objeción formal en el proceso de quiebra de Del Monte, amparándose en la Ley de Productos Agrícolas Perecederos (Perishable Agricultural Commodities Act), que otorga prioridad de cobro a los productores de frutas y hortalizas a los que no se les ha pagado. Según los registros judiciales, Del Monte tiene entre 10,000 y 25,000 acreedores y entre USD 1,000 y 10,000 millones en pasivos y activos.
Posteriormente, Del Monte volvió a la mesa de negociaciones y, en diciembre, llegó a un acuerdo para pagar un precio base de USD 350 por tonelada por las aproximadamente 7,000 toneladas de fruta que los productores ya habían entregado.
Pacific Coast Producers, con sede en Lodi, California, llegó a procesar alrededor del 70% de la producción de peras de Del Monte en el marco de un acuerdo de enlatado conjunto para unos 400 clientes, según explicó Andy Russick, vicepresidente de ventas y marketing de la empresa. Del Monte decidió poner fin a ese acuerdo en 2023.
En respuesta, Pacific Coast aumentó la capacidad de su propia planta ubicada en Oroville, California, donde procesó 5,000 toneladas de peras del noroeste, pero no pudo aceptar más, según afirmó. Los productores de California aportaron el resto de las 55,000 toneladas que procesó la compañía el año pasado.
“Nos comprometimos a aceptar esas 5,000 toneladas, pero no sabemos con exactitud cuántas más del noroeste podríamos aceptar”, afirmó.
La danza entre fruta fresca y fruta procesada
Cada año, los mercados de la pera fresca y la procesada se entremezclan, y las perturbaciones que afectan a uno repercuten en el otro. Este año, ambos sectores se han interactuado más de lo habitual.
El sector estimaba 19 millones de cajas de 44 libras de fruta empacada, muy por encima de los 11 millones de 2024 y de la media de los últimos cinco años de 15 millones. Aproximadamente un millón de esas cajas contenían peras Bartlett que, en cualquier otro año, se habrían enlatado, según Cox, de Peshastin Pear Packers, una empresa de empaque y almacenamiento propiedad de dos cooperativas.
Su empresa no empacó ninguna fruta procedente de productores externos, pero Cox sabía que el mercado en general enfrentaba un exceso de peras que no podría empacarse. Para hacer frente a la situación, la empresa envió a los productores notificaciones con calificaciones verdes, amarillas y rojas: el verde indicaba una alta probabilidad de que sus peras fueran aceptadas para su envasado, el rojo indicaba que no lo serían, y el amarillo indicaba una probabilidad intermedia. La empresa empacó las peras calificadas como “U.S. Fancy”, pero no del tamaño 120 o menor, ni las “U.S. No. 1” de 165 o menor, según Cox, dejando fuera un total de cinco categorías de tamaño y calidad que normalmente habrían empacado. Eso supone para los productores una pérdida media de unas dos cajas por contenedor.
En respuesta a los retos del mercado, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) se ofreció a comprar hasta USD 20 millones en peras Bartlett, incluyendo frutas frescas de menor tamaño y calidad, así como peras enlatadas, destinadas a bancos de alimentos y programas de alimentación escolar.

En una reunión celebrada en noviembre por Pear Bureau Northwest —la entidad que gestiona las promociones de peras frescas bajo una orden federal de comercialización—, los productores y los responsables de las empresas de empaque señalaron que han estado recibiendo precios FOB que a veces están por debajo del costo de producción. Lo mismo les ha ocurrido a los productores de cerezas y manzanas, según afirmó Doug Gibson, director ejecutivo de Mount Adams Fruit y miembro del consejo de administración de Pear Bureau Northwest. Gibson recomendó a los productores que empezaran a identificar las parcelas destinadas a su eliminación.
“Esa es una decisión que los agricultores deberían tomar cuanto antes”, afirmó.
Asimismo, durante la reunión, los responsables debatieron la posibilidad de solicitar financiación federal para la tala de huertas, una medida que ya utilizó el sector del durazno cling de California hace unos veinte años, según explicó Mark Powers, presidente del Consejo Hortícola del Noroeste (Northwest Horticultural Council). Los líderes de los grupos dedicados a la pera fresca y a la procesada votaron finalmente a favor de solicitar dicha financiación, aunque Powers advirtió que podrían pasar entre 12 y 18 meses antes de que un programa aprobado pudiera reembolsar a los productores las talas futuras.
Dane Klindt, de Hood River, Oregón, tiene previsto empezar a retirar algunas de sus parcelas de peras Red Anjou de bajo rendimiento. Es posible que las sustituya, pero no por variedades nuevas, según dijo, a pesar de que ha oído buenos comentarios sobre las variedades Happi y Gem.
“A partir de ahora, me voy a ceñir a lo que está probado. No voy a ser un innovador”, afirmó. “El pionero acaba muriendo por el camino”.
Cultiva casi todas sus peras para el mercado de fruta fresca, pero no culpa a las empacadoras por intentar dar cabida a la fruta que antes se destinaba al procesamiento. Para él, la solución está en las promociones. Durante un viaje a Georgia en octubre, visitó cinco tiendas minoristas. Solo una de ellas tenía peras frescas a la venta.
“Tenemos que aumentar la demanda, pero no sé cómo hacerlo”, dijo. •
