
Lave temprano, a menudo, desde arriba y use mucha agua.
“Cuanta más agua, mejor”, afirmó Rob Curtiss, de la Universidad Estatal de Washington.
Este investigador y entomólogo ha dedicado dos años a probar métodos para eliminar la melaza producida por la psila del peral, y como resultado ha identificado varias prácticas recomendadas.
Una de las principales plagas del peral que enfrentan los productores es la psila, un insecto que excreta una melaza pegajosa que favorece la aparición de moho negro. Este moho mancha y degrada la fruta. Enjuagarla no es una idea nueva: en proyectos de investigación de las décadas de 1980 y 1990 se probó este método, ya que en ese entonces eran comunes los aspersores aéreos que rociaban agua a largas distancias.
Con el tiempo, debido a una mayor densidad de fruta en los árboles y una mayor precisión en general, el riego comenzó a realizarse bajo la canopia mediante aspersores pequeños y emisores de goteo, lo que también dejó de lado la práctica de la limpieza por aspersión. Sin embargo, el cambio hacia el manejo integrado de plagas en los últimos años ha llevado a los productores a utilizar todas las herramientas disponibles. El lavado con agua reduce el daño causado por los psílidos, lo que disminuye el riesgo para los agricultores, quienes ahora tienden a evitar el uso de aerosoles de amplio espectro para favorecer el aumento de las poblaciones de enemigos naturales.
“Es como un sueño para un entomólogo”, dijo Curtiss, refiriéndose a la oportunidad única de que los investigadores puedan recomendar una solución sencilla.
La limpieza con agua no mata a la psila, explicó, pero tampoco perjudica a sus depredadores naturales. Lo único que hace es eliminar la melaza.
Curtiss, financiado por una subvención de los comités de Peras Frescas y Peras Procesadas, ofreció varios consejos:
—Utilice grandes cantidades de agua, evitando el uso de vapor. Se aconseja pulverizar durante periodos prolongados para proporcionar una mayor cantidad de agua.
—Haga la limpieza solo cuando la presión de la melaza sea suficientemente alta, para evitar que las canopias humedezcan en exceso y prevenir el desperdicio de agua.
—Llevar a cabo un seguimiento de la melaza y la población de psílidos, para determinar el momento óptimo del lavado.
—Los sistemas aéreos ofrecen una mayor eficiencia en comparación con los métodos de limpieza que utilizan pulverizadores de aire comprimido.
—Los jabones y detergentes no mejoran la eficacia del lavado y, además, no se recomiendan para eliminar la melaza.
En futuras investigaciones Curtiss podría intentar correlacionar el recuento de ninfas con la presencia de la melaza. Ya ha intentado medirla utilizando refractómetros portátiles, pero explicó que sus herramientas no son lo suficientemente sensibles.

En la huerta
Kameron Miller es un pionero del lavado por aspersión aérea. Ha montado un sistema que conduce el agua de riego desde sus tuberías bajo la canopia, hasta aspersores aéreos instalados en tubos de PVC, los cuales puede colgar de las ramas mediante un gancho metálico. Una vez montado el sistema, un trabajador acciona una válvula para dirigir el agua hacia los aspersores.
“Es mucho trabajo, pero es más barato que pulverizar”, afirmó.
Una vez intentó limpiar la melaza en cerca de100 acres usando un rociador de aire comprimido. No lo recomienda.
“Tardamos una eternidad”, se quejó. “Estuvimos trabajando en ello una semana entera. Al final funcionó, pero el lavado de árboles desde arriba es mil veces mejor”.
Miller, productor de fruta en el Valle de Wenatchee, quisiera seguir las recomendaciones de Curtiss y aplicar agua durante periodos prolongados. No obstante, y por razones prácticas, actualmente realiza limpiezas más breves para poder regresar más rápidamente al punto de partida, ya que los residuos pegajosos de melaza se acumulan en cuestión de días. Recomienda superponer los aspersores y utilizar únicamente aquellos que emiten gotas grandes de agua en lugar de una fina niebla.
“Lo que hay que hacer es simplemente lanzar agua a presión”, dijo.
Dijo que los resultados de empaque (packout) son mejores en los bloques que han sido lavados, y su encargado de almacén también comenta que ellos pueden notar la diferencia.
Sam Parker, también del Valle de Wenatchee, comienza la limpieza por aspersión aérea a principios de junio, una vez que ha pasado el riesgo de fuego bacteriano, pero antes del raleo. A partir de entonces, los insectos beneficiosos mantienen a los psílidos y su melaza bajo control.
En 2022, comenzó a utilizar la técnica recomendada y la ha ido aplicando en un número creciente de bloques. Parker calcula que ha gastado entre USD $300 y $1,200 por acre en sistemas de lavado, dependiendo de la infraestructura de riego existente.
“Va bien”, dijo Parker. “Yo diría que es una red de seguridad realmente efectiva”. •
