
Matt Eddie conoce bien lo que es encontrarse en un lugar muy, muy oscuro. A medida que la huerta familiar de la que se hizo cargo en 2010 atravesaba dificultades en los últimos años, empezó a sentir que había defraudado a su familia y que no había salida.
“La mentira más oscura en la que empecé a creer era que mi familia estaría mejor sin mí”, afirmó.
Atormentado por esos pensamientos, empezó a hacer planes finales: Comprar juguetes para sus hijos, escribir una carta a su esposa. Pero un encuentro fortuito con su suegra interrumpió esos pensamientos suicidas. Ella lo llevó a buscar ayuda y allí, por fin, bajó la guardia y aceptó a recibirla.
“Ella me ayudó a comprender que pedir ayuda no era un signo de debilidad, sino de fortaleza”, señaló.
Un año después de que él y su esposa vendieran la huerta, Eddie quiere compartir su historia personal para que otros agricultores en dificultades sepan que no están solos.
“Creía que mi propósito en la vida era cultivar alimentos, pero quizá sea ayudar a la gente de otra manera”, afirmó.
Desde que empezó a hablar de sus experiencias, varios productores se han puesto en contacto con él para contarle sus propios problemas de salud mental. Su vulnerabilidad se ha convertido en una luz que ayuda a otros a afrontar sus propias tormentas.
Ahora comprende que su depresión no fue un signo de debilidad, sino el resultado del peso de la vergüenza, la culpa y la preocupación que llevaba a cuestas, el mismo peso que cargan tantos productores.
“Gran parte de ello es el legado. Mi abuelo cultivó esta misma tierra y no puedo ser yo quien la pierda”, recuerda Eddie haber pensado. “Pero, al fin de cuentas, tu legado verdadero es estar presente para tu esposa, tus hijos y los demás. A ellos no les importa cuántos contenedores de manzanas hayas cortado”.
Toda su vida ha deseado ser productor. A los 18 años, se hizo cargo de la huerta de su abuelo. Junto con su esposa, Leah, hicieron crecer el negocio agrícola, y ni se les pasó por la cabeza venderla mientras criaban a sus cuatro hijos allí.
Pero los costes de los insumos no dejaban de subir, las presiones normativas aumentaban, los mercados se deterioraban, algunas variedades en las que habían invertido no dieron los resultados esperados, y para colmo de males, falleció un familiar cercano que era socio en el negocio. Eddie no quería agobiar a su esposa ni a su abuelo con lo mucho que le costaba salir adelante.
“Me daba miedo hablar con mi abuelo. Sabía que, al ser de su generación, no entendería nada sobre la salud mental”, señaló Eddie.
El temor era infundado.
“Tuvimos que hablar varias veces, pero me ha demostrado mucho cariño y comprensión”, explicó Eddie, “Reconoce que me ha costado mucho, pero me quiere por quien soy, no por cuántos acres he cultivado en su huerta”.
Hoy en día, su esposa es su mayor apoyo en este camino. Siempre le recuerda que la familia y su fe son más importantes que la huerta.
“Pronto me di cuenta de que muchas de las personas de las que temía que me juzgaran, en realidad me acogieron con compasión, ánimos y apoyo mientras hacía frente a mis problemas de salud mental”, comentó Eddie.

Es importante encontrar a la persona adecuada con quien hablar. En el caso de Eddie, primero fue su suegra y luego su esposa. Ahora también acude regularmente a un terapeuta.
Sabe que este tema sigue rodeado de estigma. Si alguien sufre un infarto, la comunidad sabe cómo intervenir para apoyarlo. Debería ser igual que en el caso de un vecino hospitalizado por problemas de salud mental.
Sentirse solo ante sus problemas lo empeoraba todo, y Eddie no quiere que nadie más se sienta así.
“La mayoría de los agricultores no acuden a un terapeuta, pero en la próxima reunión informal sí pueden comentar que están pasando por un mal momento”, afirmó. “Busca a alguien en quien puedas confiar y desahógate. Date cuenta de que no estás solo”, dijo.
Ese es uno de los objetivos principales de los programas de prevención del estrés y el suicidio en el sector agrícola de todo Estados Unidos, según Don McMoran, de la Extensión de la Universidad Estatal de Washington (WSU). Además de las líneas de prevención del suicidio, la WSU y otros institutos ofrecen talleres para enseñar a los productores y a otras personas dentro de las comunidades agrícolas a cuidarse unos a los otros y a tener conversaciones sinceras cuando alguien está pasando por un mal momento.
“Mucha gente tiene miedo de hacer esa pregunta: ¿Ha pensado en hacerse daño?”, señaló McMoran.
Preguntar no aumenta la probabilidad de que alguien considere el suicidio, pero sí crea una situación en la que puede ayudar a que reciba apoyo.
“Las investigaciones indican que, cuando una persona tiene pensamientos suicidas, suele tratarse de un periodo breve en el que no se piensa con racionalidad. Por lo tanto, si se consigue que reciba la ayuda que se necesita —y se acompañe durante ese momento difícil—, realmente puede recuperarse”, afirmó.
Ese programa se llama Preguntar, Convencer y Remitir (Question, Persuade and Refer, o QPR) y se inspira en las técnicas de reanimación cardiopulmonar que las personas han adoptado para salvar vidas. Otro programa, llamado Cambiar Nuestra Trayectoria Mental y Emocional (Changing Our Mental and Emotional Trajectory, o COMET), se centra en comunicarse con alguien que está pasando por un mal momento. McMoran recomienda este último.
“A lo largo de mi trayectoria en el sector agrícola y como miembro del personal docente de extensión de la WSU, ha habido apenas algunas ocasiones en las que alguien ha tenido pensamientos suicidas, pero han sido muchas las veces en las que me he preocupado por la salud mental de algún productor”, afirmó. “En realidad, se trata de enseñar a la gente a profundizar más y a ayudar a una persona a superar una situación difícil”.
La agricultura, especialmente en circunstancias económicas adversas, puede ser una actividad aislante. El estigma que rodea a los problemas de salud mental agrava aún más esa situación.
Hace tres años, McMoran y sus colegas pusieron en marcha el grupo Pizza for Producers (Pizza para los productores), un evento itinerante de elaboración de pizza para unir a las comunidades rurales. La idea se inspiró en sus recuerdos de sus padres conversando con otros productores sobre sus problemas durante los desayunos comunitarios en el salón de Grange.
No es exactamente un evento de la prevención del suicidio; en ese caso, atraería a un público mucho más reducido, dijo McMoran. Pero el atractivo de la pizza le brinda la oportunidad de concienciar de que, específicamente los hombres que trabajan en la agricultura tienen tres veces y media más probabilidad de morir por suicidio que la población en general. También puede compartir señales de alerta, entre ellas cuando alguien no cuida de su terreno o su ganado, o parece agitado, ansioso, deprimido o alejado de las actividades que normalmente le interesan.
“Tenemos que superar una gran cantidad de prejuicios y asegurar que no existan barreras para salir de las sombras y hablar sobre estos temas”, explicó McMoran.
Eddie se mostró de acuerdo.
“Sé que hay recursos disponibles, pero los agricultores somos gente resistente. Sentimos que no podemos salir y hablar con nadie”, señaló. “Pero la verdad es que no hay nada de malo en pedir ayuda”. •
Recursos: ¿Te preocupa un vecino o un amigo? ¿Quieres saber más sobre el estrés en el sector agrícola y la prevención del suicidio? En esta página encontrarás enlaces a recursos en español, como una línea de atención telefónica, asesoramiento gratuito y cursos de formación: extension.wsu.edu/skagit/suicide-prevention/recursosdelaprevenciondelsuicidio.
