
Un reciente estudio en huertos de cerezos del Noroeste del Pacífico detectó la presencia de un nuevo patógeno asociado a la acronecrosis (dieback) de los cerezos en la región, previamente conocido en los huertos de California.
En enero de este año, durante una mesa redonda del Instituto del Cerezo celebrada en Yakima, Gary Grove, profesor emérito de fitopatología de la Universidad Estatal de Washington comentó que, “Estaba muy emocionado”, al referirse a la detección de la especie fúngica Calosphearia pulchella en el contexto de una discusión sobre los patógenos de la acronecrosis de los cerezos.
Es propio de los patólogos entusiasmarse al encontrar cuerpos fructíferos de hongos (la parte del hongo que produce esporas) nunca vistos. Sin embargo, Grove subrayó que el nuevo patógeno no es más que uno de los muchos hongos de pudrición de la madera que causan cancros y la muerte de las ramas, aquellos a que los productores llevan décadas enfrentándose. No hay razón para pensar que este recién llegado a la región sea más virulento.
“No hay que alarmarse”, afirmó. “Son patógenos muy débiles y lentos, pero si no se controlan, se llevan una rama cada vez y, con el tiempo, puede haber una pérdida de la cosecha”.
En 2023, Grove y sus colaboradores llevaron a cabo el primer estudio en más de 20 años sobre estos patógenos asociados a la acronecrosis en huertos de cerezos, impulsados por los informes del sector sobre la aparición de cancros desconocidos. La investigación fue financiada por la Comisión de Investigación de Frutas de Árbol de Washington (Washington Tree Fruit Research Commission).
Dos colaboradores, Ashley Thompson, del Servicio de Extensión de la Universidad Estatal de Oregón, y Garrett Bishop, de G.S. Long Co., se unieron a Grove para participar en la convención anual del Cherry Institute, organizada por Northwest Cherry Growers y la Washington State Fruit Commission (quienes editan el Good Fruit Grower).
En 2023, los investigadores recogieron muestras en 70 huertos y en 2024, en 16 más, abarcando todas las regiones productoras de cerezas de Oregón y Washington. Según Grove, en la mayoría de los lugares se detectaron cancros y acronecrosis, provocados por hongos patógenos o por cancros bacterianos. Los resultados no fueron sorprendentes, ya que el estudio se enfocó en los huertos que ya habían reportado la presencia de cancros.
Mientras que el cancro bacteriano es característico — “a falta de una palabra mejor, es desagradable”, dijo Grove—, la identificación de la mayoría de los patógenos fúngicos requiere tomar muestras para cultivarlas en el laboratorio hasta que los hongos formen cuerpos fructíferos que permitan distinguir las distintas especies.
Los hongos sospechosos más comunes que encontraron fueron: Leucostoma cinctum, anteriormente conocido como Cytospora y considerado el patógeno del cancro más frecuente en los estudios de Grove de hace 25 años; Eutypa lata, un patógeno de la descomposición en muchas especies leñosas; Calosphaeria pulchella, el nuevo hongo detectado en la región, presente principalmente en los huertos de Oregón y el sur de Washington; y Botryosphaeria spp, común en Norteamérica.
“Todos ellos son patógenos que necesitan heridas”, afirmó Grove. “Un hongo se aprovechará de casi cualquier tipo de herida … Todos necesitan una herida para entrar en la planta; no como el oídio (mojo polvoroso) o el fuego bacteriano”.
Esto significa que los factores de estrés, como la sequía, las lesiones invernales o los daños causados por los barrenadores, pueden preparar el terreno para la podredumbre.
Grove y su equipo también encontraron más de 30 hongos adicionales, probablemente patógenos secundarios, que requerirán más investigación para determinar su identidad y patogenicidad.
Según Grove, la identificación de los cuatro hongos patógenos comunes en los huertos presenta dificultades, a menos que se encuentren cuerpos fructíferos reveladores. Los cancros manifiestan como zonas de madera en descomposición, a menudo en forma de una cuña de tejido leñoso oscurecido.
Entre los patógenos sospechosos más comunes, ¿es importante que los productores conozcan las especies específicas que causan sus cancros? Por un lado, no necesariamente.
“Una de las mejores cosas que se puede hacer es eliminar la madera enferma del huerto”, dijo Bishop. “Hay que sacar de ahí a la María Tifoidea”.
La recomendación sobre la poda de los cancros no cambia: Se deben cortar las ramas a un pie por debajo del cancro, explicó Thompson.
“El árbol se puede salvar, dependiendo de dónde se produzca la infección”, dijo. “Pero si está en el tronco, es posible que sea necesario eliminar el árbol entero”.
Sin embargo, a largo plazo, una mejor identificación y más investigaciones sobre los ciclos de vida específicos de cada patógeno podrían beneficiar a los productores. Por ejemplo, investigaciones realizadas en California han demostrado que la poda durante las temperaturas más frías reduce la tasa de infección de algunos patógenos, aunque no todos. Esto debería estudiarse bajo las condiciones de Washington y con los principales patógenos presentes, señaló Grove a Good Fruit Grower, pero esa investigación especifica no formó parte del estudio inicial.
Los cuatro hongos causantes del cancro del cerezo, Leucostoma/Cytospora, Eutypa, Calosphaeria yBotryosphaeria, necesitan agua para iniciar la formación de esporas y propagarse, explicó Grove. Esto significa que el riego desempeña un papel fundamental.
Durante una investigación realizada en la década de 1990 sobre los cancros causados por Citospora, Grove descubrió que los aspersores de agua de impacto situados bajo los árboles contribuían a su propagación. “Si lo dirigíamos directamente al cancro, podían salpicar esporas a lo largo de las hileras de árboles”, explicó.
Estos hongos patógenos no ingresan al huerto a través del agua de riego -para aclarar, se trata más bien de un problema asociado a Phytophthora– pero pueden estar presentes en otras especies leñosas del entorno.
Los expertos recomiendan reducir el ángulo de los aspersores o utilizar aspersores pequeños, y podar los cancros siempre que sea posible, sobre todo en los huertos jóvenes.
“Si (sus árboles) tienen menos de tres años, es importante ser muy agresivo”, dijo Bishop. “Los árboles más viejos generalmente pueden soportarlo, pero algunas variedades son más susceptibles”. •
