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Gigantes amables cosechando arándanos

La industria de los arándanos impulsa la mecanización para abastecer el mercado de fruta fresca.
Una cosechadora mecánica FineField de arándanos, alimentada con energía solar, en funcionamiento en un campo de Georgia
En mayo, en Pinebloom Farms, al suroeste de Georgia, una cosechadora mecánica de arándanos FineField, impulsada por energía solar, inicia la cosecha destinada al mercado de productos frescos. La empresa agrícola utiliza carritos autónomos Burro que siguen a las máquinas y ayuden el manejo de los contenedores. (Cortesía Caroline Gray)

En Pinebloom Farms, al suroeste de Georgia, Sam Gray emplea tres cosechadoras mecánicas FineField Harvy 500 de arándanos.

Cada máquina, que funciona con energía solar, es operada por un equipo de tres personas: una al volante y dos que van detrás para manejar las bandejas a cada lado. Cuatro carritos automatizados Burro entregan las cajas vacías y trasladan las llenas a un camión frigorífico cercano, operado por cuatro trabajadores. En total, son solo 10 personas las que se encargan de la cosecha de sus 120 acres de arándanos.

Gray explicó que, en la empresa familiar, tienen “un proceso muy específico para estas cosechadoras”.

El sector del arándano de EE. UU. avanza hacia la cosecha mecánica destinada al mercado de productos frescos. A medida que productores como Gray perfeccionan el equilibrio entre la tecnología y la mano de obra, han surgido dos líderes en esta competencia de ingeniería.

Mientras tanto, los científicos continúan investigando nuevas variedades, buenas prácticas y aspectos de seguridad alimentaria vinculados con la cosecha mecánica. “Llevamos más de 10 años trabajando en esto”, explicó Lisa Wasko DeVetter, profesora de horticultura de frutos menores en la Universidad Estatal de Washington.

Los investigadores han llevado a cabo numerosos proyectos para determinar cómo la distancia de caída y las distintas superficies de impacto influyen en la aparición de magulladuras. Siguen explorando nuevas líneas de investigación sobre cómo la velocidad y el movimiento de sacudida afectan a la calidad y el tiempo de conservación de la fruta cosechada a máquina. También han comenzado a estudiar las implicaciones de las superficies mecánicas en la seguridad alimentaria, mientras que los fitomejoradores buscan variedades aptas para la cosecha mecánica que resistan las magulladuras y crezcan en arbustos uniformes con copas estrechas. En la actualidad, incluso la recolección robótica baya a baya forma parte del debate.

A pesar de los avances, las máquinas aún no pueden superar el tacto delicado de la mano humana. Sin embargo, un estudio de la Universidad Estatal de Oregón demuestra que las máquinas conservan la calidad de la fruta lo suficiente como para satisfacer las exigencias del mercado de productos frescos y reducen los costos de cosecha en un 75 % en comparación con la cosecha manual.

Dos fabricantes de cosechadoras han tomado la delantera: FineField, de Holland, y Oxbo, de Lynden, Washington.

“Cuando realizamos pruebas, ambas máquinas logran una calidad de fruta superior a la de las cosechadoras convencionales que se montan sobre las hileras y que aún no han sido adaptadas para el mercado de fruta fresca”, afirmó Wasko DeVetter.

Ambas cuentan con tecnología diseñada para recoger con delicadeza las bayas a medida que caen de un arbusto sacudido y transportarlas a las bandejas, minimizando al mismo tiempo las magulladuras. FineField utiliza cepillos entrelazados y móviles, mientras que Oxbo emplea placas de recogida suspendidas, similares a un trampolín. Ambas disponen de muelles que permiten que las superficies de recogida rodeen las copas de los arbustos, lo que reduce la cantidad de fruta que cae al suelo.

Oxbo es el líder del mercado y cuenta con máquinas que se utilizan en el sector comercial de productos frescos en toda Norteamérica, Sudamérica, Nueva Zelanda, Australia y Europa, según Kathryn Van Weerdhuizen, directora de ventas y comercialización de la empresa. Sus orígenes se remontan a 1985, como Korvan, empresa que Oxbo adquirió en 2004.

FineField es un nuevo participante en Norteamérica con la maquina Harvy 500, la séptima versión de la gama Harvy, según Selynn Vong, directora de ventas y comercialización.

La empresa ha vendido unas 30 unidades en Europa, pero solo siete en Estados Unidos, todas en Georgia. En la costa oeste, FineField alquila cinco máquinas a empresas líderes del sector como Driscoll’s, Sakuma Bros. y Fall Creek Nursery. El próximo paso es ingresar en el mercado peruano.

Los cultivadores del este y del oeste

En 2023, la familia Gray —productora también de maíz, algodón, cacahuates, sorgo y cítricos—alquiló por primera vez máquinas de FineField y comenzó a comprarlas en 2024. Con ello, se convirtió en la primera en adoptar estas máquinas en Estados Unidos.

Gray calcula que el costo de una de estas máquinas es inferior al costo de alojar 60 trabajadores, lo que permite a su empresa agrícola a disminuir su dependencia del programa H-2A, cuyo costo y nivel de complejidad varían constantemente.

Este año, la Administración Trump modificó el método de cálculo de la tasa salarial de efecto adverso (Adverse Effect Wage Rate), lo que, en la mayoría de los casos, implicó una reducción del salario mínimo del programa H-2A. En Georgia, dicha tasa descendió de USD 16.08 a 10.52 por hora. El estado de Georgia no cuenta con un salario mínimo establecido.

Este cambio podría haber reducido la necesidad de mecanización de Pinebloom, pero la campaña de la administración Trump de medidas de represión migratoria ralentizó la tramitación de las solicitudes de las visas H-2A, lo que provocó retrasos para muchos trabajadores en la frontera con México esta primavera. Estos retrasos hicieron que los productores se quedaran atrasados con respecto al calendario previsto.

Así pues, las máquinas volvieron a rescatar a Gray, cuyos 180 trabajadores del programa H-2A llegaron desde México con dos semanas de retraso.

Puede que las cosechadoras mecánicas no sean tan ágiles como las manos humanas, pero él se siente más seguro confiando en las herramientas mecánicas que en las políticas cambiantes del Gobierno federal respecto al programa H-2A.

“Todo esto podría venirse abajo”, admitió. “Puedo vender la cosechadora, pero no el dormitorio”.

Vea cómo funcionan las máquinas FineField y los carritos Burro durante la cosecha de arándanos en Pinebloom Farms, Georgia.

El agricultor Cornelius Timmermans, del condado de Whatcom, Washington, calcula que las placas colectoras suspendidas de su maquinaria Oxbo elevan el porcentaje de fruta cosechada mecánicamente que alcanza la categoría fresca del 33 % —con una cosechadora tradicional— al cerca del 50 %. Las bayas que califican como frescas suelen desprenderse del arbusto en la primera pasada, por lo que la mayor eficiencia de la nueva cosechadora le permite seguir vendiendo fruta al mercado fresco más tarde en la temporada de lo que podría hacerlo de otro modo.

“Esto me permite mantenerme en el mercado fresco un poco más tarde que antes”, afirmó Timmermans.

Asigna a cinco personas —un conductor, dos clasificadores y dos apiladores— a cada Oxbo. En un solo día recogen lo que 50 trabajadores harían a mano, si se pudiera encontrar suficiente mano de obra. La última vez que publicó un anuncio para contratar trabajadores, apenas 30 personas llamaron para informarse, pero ni una sola se presentó a trabajar.

“Tenemos que seguir por este camino”, afirmó. “Este problema de mano de obra no va a desaparecer”. •

Este artículo ha sido traducido por Jean Dibble y revisado por Jutsely Rivera. Puede ponerse en contacto con Jean en jean@goodfruit.com.