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Grandes esperanzas de los agricultores para los cerezos de gran altitud

Cultivar cerezas de finales de verano implica superar una “prueba de calor” y otros retos.
María Banuelos revisa la cosecha de la variedad “Sweetheart” cerezas
La encargada de cuadrilla María Banuelos revisa la cosecha de la variedad “Sweetheart” a mediados de agosto del año pasado en Heart’s View Orchard, en Wenatchee Heights, Washington, a unos 3000 pies (914 metros) de altitud. Las cerezas de cosecha tardía pueden alcanzar un precio superior, pero los productores asumen un gran riesgo para lograr que la fruta llegue al final de la temporada. (Kate Prengaman/Good Fruit Grower)

Las huertas de cerezos de gran altitud pueden beneficiarse de una cosecha en agosto, cuando los precios son elevados. Sin embargo, para llegar a ese punto, es necesario mantener la calidad de la fruta durante el calor del pleno verano, que llega después de que la mayor parte de las cerezas de Washington ya se han cortado, empacado y enviado sin problemas.

“Hay que superar una dura prueba de calor”, afirmó Joe Wiggs, un productor de cerezas de Wenatchee Heights. “Por eso, conviene vigilar la copa de los árboles, el manejo del agua, el vigor, la carga de fruta y la variedad; ya que algunas de ellas no soportan bien las altas temperaturas”.

Seth Shiflett, un agricultor de la zona, aprovecha la altitud elevada para alargar su temporada desde julio hasta finales de agosto. Empieza la cosecha a 1600 pies (488 metros); sus parcelas más altas superan los 3400 pies (1036 metros). Wenatchee se encuentra a unos 700 pies (213 metros) sobre el nivel del mar.

“Cuando funciona, todo va bien. Cuando no, es un desastre”, dijo Shiflett al referirse al enfoque de su familia respecto a las cerezas de final de temporada. Trabaja en su compañía agrícola junto a sus padres, Steve y Jane Shiflett.

El mes de agosto de 2025 fue bastante bueno, ya que su equipo recolectó cerezas Sweethearts en una huerta abierta en un claro del bosque situada a 3000 pies (914 metros) de altitud en las montañas que dominan Wenatchee. Tras el desastre de mitad de temporada, los precios de las cerezas se habían recuperado a un nivel adecuado, según Shiflett.

Pero el año anterior fue terrible, cuando la helada de 2024 acabó con todas las yemas de sus cerezos.

Ese tipo de oscilaciones en la producción representa tensión, tanto para los árboles como para los mismos productores.

En 2025, los árboles se recuperaron con una floración abundante, lo que requirió un mayor raleo manual en algunas parcelas.

“Dejamos muchas cerezas en los árboles porque no tenían el tamaño ni la calidad adecuados”, señaló Shiflett, refiriéndose a algunas de sus parcelas.

No conseguía suficiente mano de obra para el raleo manual cuando la necesitaba. Cuando llega la temporada de raleo en las colinas, la cosecha en las zonas de menor altitud ya ha comenzado y ofrece una mejor remuneración a los trabajadores. En época de cosecha en las montañas, Shiflett recurre a mano de obra local, ya que encontrar trabajadores no representa ningún problema en ese período.

Wiggs (a la izquierda) y Shiflett comentan la calidad de estas cerezas Sweetheart
Wiggs (a la izquierda) y Shiflett comentan la calidad de estas cerezas Sweetheart, cosechadas a mediados de agosto de 2025 en las huertas Heart’s View de Shiflett, situadas en Wenatchee Heights. (Kate Prengaman/Good Fruit Grower)

María Banuelos, cuadrillera de larga trayectoria, comentó que sus equipos vuelven cada año porque la gente prefiere cortar cerezas en las montañas que cosechar manzanas tempranas en la cuenca.

Cuando Good Fruit Grower visitó la huerta a mediados de agosto del año pasado, Shiflett contaba con unas 40 personas trabajando en la cosecha: cortando, conduciendo, clasificando la fruta y llevando el control del flujo de producción.

“Ya sabemos cómo funciona todo”, explicó Banuelos, quien el resto del año trabaja como asistente de maestra. Su hermana dirige otro de los equipos de Shiflett. “Y conocemos cómo tratar a la gente, porque hemos pasado por lo mismo”.

A ella le gusta que su equipo trabaje en estrecha colaboración en “un mismo grupo de árboles”, para reducir la distancia que cada trabajador debe recorrer hasta los contenedores y así poder vigilar de cerca la calidad de la fruta.

Además, empiezan a primera hora para evitar al calor.

“A las 9:30 de la mañana ya puede hacer demasiado calor”, explicó Wiggs. “Empezamos a cortar de noche para que puedan trabajar más horas”.

En julio apenas refresca, ni siquiera por la noche, pero en agosto las noches más frescas y el flujo descendente de aire por las laderas de las montañas ayudan a que las cerezas mantengan su firmeza, a pesar del calor, explicó.

Para hacer frente al calor del verano, Wiggs ha plantado varias parcelas con espalderas diseñadas para que en un futuro puedan soportar mallas de sombra, una vez que los árboles alcancen su plena producción. Le gustan los sistemas de espaldera para sus Rainier, porque puede optar por portainjertos precoces y porque el soporte ayuda a los árboles a resistir las tormentas invernales y la carga pesada de fruta.

Shiflett prefiere portainjertos de tamaño completo para la temporada corta de cultivo de sus huertas situados a mayor altitud. La variedad Mazzard soporta bien la llegada temprana de las heladas otoñales y resiste mejor a los inviernos.

“Debido al plazo de tiempo más reducido, es difícil desarrollar un árbol, y se necesita más vigor”, afirmó. “Esa es la parte difícil, después de recoger las cerezas, hay que procurar que entren rápidamente en letargo”.

Después de que un joven bloque de la variedad Staccato, plantado sobre portainjertos Mazzard, sufriera daños en los troncos porque los ratones se alimentaron de la corteza bajo la nieve, Shiflett utilizó el injerto en arco para estimular la recuperación de los árboles. Para ello, compró más portainjertos Mazzard, los plantó junto a cada tronco y los injertó en los vástagos.

Seth Shiflett utilizó el injerto en arco para añadir un portainjerto Mazzard adicional a este cerezo Staccato.
Para ayudar a un árbol joven a recuperarse de los daños en el tronco causados por los ratones que se alimentaron bajo la capa de la nieve durante el invierno, el productor Seth Shiflett utilizó el injerto en arco para añadir un portainjerto Mazzard adicional a este cerezo Staccato. (Kate Prengaman/Good Fruit Grower)

En la temporada anterior, la mayoría de ellos parecieron dar resultado y Shiflett obtuvo una buena primera cosecha de los árboles de cinco cosechas.

Los ratones, que pasan hambre cuando la nieve cubre la huerta hasta la primavera, son solo una de las muchas plagas con las que tienen que lidiar los productores en las zonas altas. También deben proteger los árboles de los ciervos y los alces. Es más, cada primavera Shiflett instala vallas eléctricas alrededor de sus colmenas para mantener alejados a los osos.

Los daños causados por el invierno también suponen un gasto habitual, añadió Wiggs. La mortalidad invernal de los árboles probablemente se duplica entre su huerta situada a 2000 pies (610 metros), y las huertas de Shiflett, a 3400 pies (1036 metros). Cultivar en laderas también requiere cierta planificación estratégica e inversión en tractores de gran potencia y tracción a las cuatro ruedas, capaces de arrastrar rociadores por pendientes pronunciadas o de realizar los movimientos de tierra necesarios para construir terrazas.

“Tenemos que jugar con las cartas que nos ha repartido la naturaleza en cuanto a la pendiente y la topografía”, afirmó. “Tenemos un suelo arcilloso muy compacto. Cuando se moja, nos impide trabajar. Quedarse atascado tiene solución, pero el tractor tiende a deslizarse hacia los árboles y hay que esperar unos días a que el suelo se seque lo suficiente para sacarlo con el cabrestante”.

Shiflett señaló que los desafíos adicionales que representan sus cerezas de cosecha tardía son parte de las dificultades a las que se enfrentan todos los productores de cerezas.

Una cereza agrietada
Unas cerezas agrietadas captan la atención de Joe Wiggs, productor y asesor agrícola. (Kate Prengaman/Good Fruit Grower)

Sus huertas situadas a menor altitud —las mismas huertas familiares que iniciaron sus padres— se cosechan durante la sobreabundancia de mitad de temporada. Sin embargo, se muestra reacio a permitir que la presión del mercado lo obligue a abandonar este negocio.

“Ese es el punto de partida donde todo comenzó”, señaló. “En 1998, nos pagaban un dólar la libra por las cerezas que cortamos allí, y estábamos encantados. Ahora me encantaría recibir un dólar la libra por las cerezas en julio, ¿verdad?”.

Espera que el sector pueda ofrecer mejores precios logrando un equilibrio entre la oferta y la demanda, pero reconoce que siempre será una apuesta arriesgada.

“Las cerezas, en general, son muy volátiles. Pregúntale a cualquier banquero que haya financiado alguna vez un huerto de cerezos”, dijo. “Da igual si eres de cosecha tardía, media o temprana, siempre son cerezas y no existe el año normal”. •

Este artículo ha sido traducido por Jean Dibble y revisado por Jutsely Rivera. Puede ponerse en contacto con Jean en jean@goodfruit.com.