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Las estrategias de control de plagas se adaptan a los cambios climáticos

Los cambios en los patrones climáticos modificarán el comportamiento tanto de las plagas como de los productores.
Durante la reunión Great Lakes EXPO, celebrada en diciembre en Michigan, Jackie Perkins, integradora del programa de fruticultura de la Universidad Estatal de Míchigan (MSU), analizó los cambios en los patrones climáticos y en la incidencia de plagas. En esta ocasión, presentó una nueva página web de la MSU llamada mifruitdecision.com, que ayuda a los productores a gestionar los riesgos de plagas relacionados con el clima. A la derecha se muestra una ilustración añadida de otra de las diapositivas de su presentación: el mapa de las zonas de resistencia vegetal de Míchigan (Plant Hardiness Zone Map of Michigan) del USDA, creado en el año 2023, que utilizó para ejemplificar los cambios en los patrones climáticos. (Photo ilustración por Matt Milkovich y TJ Mullinax/Good Fruit Grower)

A medida que cambia el clima, también lo hacen la evolución y el comportamiento de las plagas. Los productores de fruta tendrán que adaptarse.

En Míchigan, es probable que estos cambios se manifiesten en veranos más calurosos y secos; menos días con temperaturas bajo cero en invierno, primaveras más húmedas y precipitaciones menos frecuentes, pero más intensas, según afirmó Jackie Perkins, integradora del programa de fruticultura de la Universidad Estatal de Míchigan, durante la Reunión de Frutas, Hortalizas y Mercados Agrícolas de los Grandes Lagos (Great Lakes Fruit, Vegetable and Farm Market EXPO) celebrada en diciembre. 

Estos cambios afectarán al desarrollo y al comportamiento de las plagas, lo que añadirá incertidumbre a los programas de control que los productores han ajustado cuidadosamente, señaló.

 Como consecuencia del aumento de las temperaturas medias, las plagas podrían ampliar su área de distribución, sobrevivir en mayor número durante el invierno o producir más generaciones al año. Estos cambios provocarían mayores daños a los frutos y más brotes de enfermedades vegetales transmitidas por insectos, afirmó Perkins.

Otro posible problema es un cambio en la sincronización. Es posible que una plaga y sus enemigos naturales ya no estén activos al mismo tiempo, lo que privaría a los productores de un método de control fundamental. Las abejas silvestres podrían aparecer antes o después de la floración de los cultivos, perdiéndose así el momento óptimo para la polinización. Por el lado positivo, señaló que podría ocurrir que la parte de la planta afectada por una plaga ya no esté presente cuando la plaga esté activa.

Como ejemplo del cambio en el comportamiento de las plagas, Perkins mencionó la palomilla de la manzana. Michigan experimenta actualmente dos generaciones de esta plaga al año, aunque en ocasiones se observan tres durante los años más cálidos. A medida que las estaciones se alargan y se vuelven más cálidas, el número de generaciones podría aumentar, prolongando la necesidad de control. Un mayor uso de pulverizaciones químicas añadiría costos y aumentaría el riesgo de desarrollar de resistencia a los insecticidas, señaló.

Por otro lado, la interrupción del apareamiento basada en feromonas funciona con mayor eficacia a temperaturas más cálidas. Si se aplica correctamente durante la primera generación de la palomilla de la manzana, la interrupción del apareamiento podría sustituir a los pulverizados adicionales, afirmó.

Las plagas de insectos se desarrollan más rápidamente a temperaturas más cálidas, lo que reduce el margen de tiempo para aplicar controles de pesticidas. En esa situación, los productores deberán estar más atentos, especialmente durante la primera generación de la palomilla. Un control eficaz de esa primera generación reduce las poblaciones de las siguientes generaciones. Es fundamental centrarse donde las plagas están activas. En el caso de la palomilla de la manzana, prefiere las copas de los árboles, así que es allí donde debe dirigirse el control, señaló Perkins.

En condiciones climáticas impredecibles, los productores deben actuar sobre la fase de desarrollo correcta con el producto adecuado. Esto implica utilizar ovicidas para eliminar los huevos, larvicidas para controlar las larvas y, en el caso de los insectos adultos, productos diseñados específicamente para ese fin.

“Es posible que se esté actuando sobre una fase de desarrollo que ya no está presente en la huerta porque todo avanza muy rápidamente en condiciones de calor”, según Perkins.

Pero el desarrollo de los insectos también depende de la duración del día, lo que en algunos casos podría beneficiar al agricultor. Si las larvas de la palomilla de la manzana emergen a principios de primavera cuando los días son más cortos, podrían interpretarlo como si siguiera siendo invierno y regresar a su fase de hibernación sin reproducirse, explicó.

Para un control eficaz de las plagas, es fundamental centrarse en el monitoreo. Es recomendable colocar trampas con antelación para detectar la actividad inicial de la plaga. Para gestionar la resistencia a los insecticidas, conviene alternar los productos químicos entre aplicaciones, según explicó Perkins.

“No conviene tratar a la siguiente generación de la misma manera”, señaló.

Perkins señaló que existen herramientas en línea en inglés que ayudan a los productores gestionar los riesgos de plagas relacionados con el clima. Entre ellas figuran AgroClimate.org, climateready.msu.edu y una nueva página web de la MSU llamada Michigan Fruit Decision — mifruitdecision.com. También mencionó la Climate Analogs Academy de la Universidad Estatal de Washington (csanr.wsu.edu/resources/climate-analogs-academy), que le ayudó a desarrollar su presentación. •

Este artículo ha sido traducido por Jean Dibble y revisado por Jutsely Rivera. Puede ponerse en contacto con Jean en jean@goodfruit.com.