
Hace varios años, el productor Jason Matson comenzó a preguntarse si los problemas de descomposición que tenía Matson Fruit podrían deberse a la contaminación cruzada del drencher (una estación de ducha de fungicida) que recircula agua y fungicidas en de su almacén.
“Los primeros que pasan están perfectos”, dijo. Pero después de más de 600 contenedores, el agua reciclada acumula trozos de tierra y césped que recogen las carretillas elevadoras, así como cualquier patógeno que pudiera haber estado acechando en la fruta. “Los últimos se llevan toda la porquería”.
Así que ideó un método alternativo para utilizar un solo paso de agua. En la huerta, los conductores de tractor pasan cada remolque con contenedores en una sola fila bajo una estación donde se aplica ducha de fungicida antes de cargar los camiones que van a la bodega.
Una vez que lo puso en marcha, invitó a investigadores de la Universidad Estatal de Washington a estudiar su desempeño en términos de cobertura, control de la pudrición y seguridad alimentaria.
“Nuestro objetivo es ser ‘tan buenos como el rociador de la bodega’, de lo contrario, ¿por qué lo haríamos?”, señaló Matson.
El equipo de investigación, integrado por el patólogo Achour Amiri, la especialista en extensión Gwen Hoheisel y la especialista en seguridad alimentaria Claire Murphy, descubrió que, efectivamente, el nuevo sistema supera al aspersor del empaque de Matson que utilizaron como referencia, especialmente en lo relacionado con la seguridad alimentaria. Su trabajo fue financiado por la Comisión de Investigación de Árboles Frutales de Washington (Washington Tree Fruit Research Commission).
Las ventajas del agua de un solo paso
Siempre que se utiliza agua repetida, existe la posibilidad de contaminación cruzada, afirmó Murphy. Por eso, los investigadores se entusiasmaron con la oportunidad de estudiar el novedoso sistema de Matson.
Para las pruebas de seguridad alimentaria, compararon manzanas antes y después del tratamiento, buscando la presencia de bacterias coliformes y E. coli genérica. Aunque no son patógenos en sí mismas, funcionan como especies indicadoras.
“Las especies indicadores muestran que estamos creando un entorno que podría propagar patógenos”, dijo Murphy.
A lo largo de dos temporadas de pruebas, descubrieron que la mayoría de las manzanas cosechadas (entre el 75 % y el 95 %) estaban libres de coliformes y, tras una sola aplicación de fungicidas, no se observaron cambios, lo que indica que no hubo contaminación. En cambio, después del rociado en el empaque, se detectaron coliformes en casi todas las manzanas analizadas.
Las conclusiones sobre E. coli fueron similares, aunque menos evidentes. Antes del tratamiento, más del 96 % de las manzanas no presentaban la bacteria. Tras la aplicación en el campo, el 98 % de las tratadas con una sola pasada permanecieron libres de ellas, pero solo el 93 % de las que recibieron el rociado de agua recirculante estuvieron libres del patógeno.

Por lo tanto, los resultados muestran una contaminación significativa por parte del aspersor de la empacadora, pero eso no significa necesariamente que sea un gran riesgo, señaló Murphy. Se ha demostrado que las prácticas de almacenamiento estándar de la industria reducen la presencia de patógenos transmitidos por los alimentos.
En cambio, los resultados resaltan la importancia de considerar los riesgos para la seguridad alimentaria a lo largo de toda la cadena postcosecha y gestionarlos de manera que se minimicen. Por ejemplo, la limpieza regular del sistema de riego o la incorporación de desinfectantes en el agua de recirculación, cuando sea posible, afirmó.
Esa es la conclusión clara para Matt Miles, director de investigación y desarrollo de Allan Bros. Fruit y miembro de la comisión de investigación. Miles está familiarizado tanto con el diseño de la aplicación de una sola pasada de Matson como con la investigación que la respalda.
“Todo el mundo debe limpiar sus rociadores entre lotes; no tiene sentido recargarlos”, afirmó. “Es algo que todos deberíamos hacer para reducir el riesgo. Si aplicamos las mejores prácticas del sector en el control del agua de los tanques de descarga y otras operaciones de la línea de empaque, el producto es seguro”.
Hallazgos sobre patógenos de descomposición
Al igual que en el ámbito de la seguridad alimentaria, la investigación demostró que el aspersor de recirculación puede propagar más patógenos de descomposición que una sola aplicación de fungicida. Sin embargo, el estudio muestra diferencias según el fungicida utilizado, afirmó Amiri.
“Si el fungicida es eficaz, esperamos que el aspersor de recirculación no propague esporas, pero si estas son resistentes, es posible que las propague”, señaló.
En los ensayos de 2021, utilizando el fungicida fludioxonil, no observaron ninguna propagación de esporas. En cambio, en 2022, con pirimetanil, sí la observaron.
“Lo que llamó la atención fue que el moho azul se redujo significativamente en la fruta tratada con el aplicador de una sola pasada”, dijo Amiri. Añadió que observaron resultados similares en el caso de la podredumbre por mucor, otro patógeno postcosecha que puede propagarse a través del agua.
El método de Matson también utiliza mucha menos agua en términos generales.
“Es más parecido a un rociador que a un empapador”, señaló Amiri.

La fruta del ensayo no recibió una aplicación de fungicida antes de la cosecha, que según Amiri, es el mejor momento para protegerla contra el moho gris. Por ello, recomienda aplicar fungicida tanto antes como después de la cosecha.
Cuando Amiri analizó las tasas de descomposición, encontró una eficacia igual o incluso superior con el método de una sola pasada.
Reducir la incidencia de la descomposición tiene un valor real y ayuda a gestionar el riesgo de resistencia a los fungicidas, afirmaron Matson y Miles. Además, añadieron que este enfoque podría beneficiar a las huertas orgánicas ahora que hay pocos materiales postcosecha registrados disponibles.
“¿Cuál es el porcentaje de frutos orgánicos que se desperdician debido a la descomposición? Una forma de reducir su huella climática es lograr que una mayor proporción de alimentos llegue a los clientes”, dijo Miles. “Para un productor orgánico de manzanas Honeycrisp, la inversión se amortizaría en poco tiempo”.
Logística de la cosecha
Matson utilizó viejos tanques de pulverización para almacenar los fungicidas postcosecha y compró simples mandos a distancia y cronómetros para que los conductores de los tractores controlaran la aplicación. También encontró las boquillas adecuadas para proporcionar una cobertura suficiente mientras los contenedores pasan por debajo del rociador y vuelven a salir, con una pausa de 30 segundos entre media, lo cual era la clave para obtener la cobertura adecuada, según afirmó. Las plataformas —unas bandejas de recogida de acero soldadas por las que pueden pasar los tractores— son portátiles.
“Son casi portátiles”, explicó Matson. “Hay que nivelar la tierra y la arena que hay debajo, por lo que es mejor dejarlas allí un par de semanas”.
Una empresa de soldadura local fabrica las plataformas.
La desventaja de adoptar la aplicación de una sola pasada es que cambia la logística de la cosecha, ya que los contenedores deben pasar por el rociador antes de apilarse para esperar su carga, explicó Matson. Una vez que la cosecha se intensifica, es posible que haya más fruta de la que un solo sistema puede manejar, por lo que tal vez sea necesario trasladar dos rociadores a la misma zona.
Otro reto es: llevar suficiente agua a la huerta donde se instala el sistema.
“Supongamos que se procesan 1000 contenedores al día y que cada contenedor recibe 3 galones de agua. Entonces se necesitan 3,000 galones”, explicó.
Por otro lado, las aguas residuales no suponen un problema. Se retiran después de cada 200 contenedores aproximadamente, y se utilizan para reducir el polvo. •
