
A medida que los bajos rendimientos de la manzana se extienden hasta la tercera cosecha, los productores de todos los tamaños comienzan a enfrentar dificultades económicas.
Sin embargo, en contra de la creencia popular de que los grandes productores aprovechan las ventajas de la escala y la integración vertical, los pequeños productores afirman que mantenerse pequeños les proporciona más herramientas para adaptarse, acomodarse a las condiciones cambiantes y hacer frente a la situación.
“Los productores pequeños somos más ágiles y tenemos una pequeña ventaja”, afirmó Steve Brown, productor de manzanas con 15 acres en Summerland, Columbia Británica, Canadá. “Mi negocio agrícola tiene un tamaño tal que, si fuera necesario, podría administrarlo yo mismo”.
Ese enfoque basado en el aporte de trabajo propio ha impulsado a las pequeñas huertas durante generaciones, pero los productores afirman que las ventajas van más allá. Tienen una atención directa a los detalles y la capacidad de adaptarse rápidamente, dependen menos de la financiación y pueden realizar uno o dos trabajos externos para mantener a flote tanto a la familia como a la huerta.
“Al ser una huerta familiar, normalmente se dispone de algunos ingresos ajenos a la huerta que pueden cubrir el seguro médico, los gastos de manutención y subvencionar un poco la huerta”, afirmó Ricky Adams, gestor de relaciones del Columbia Bank en Yakima, Washington. Para una huerta grande con una línea de crédito operativa mayor, ingresos ajenos no suponen una gran diferencia. “Lo analizamos en términos porcentuales”.
Dijo que los pequeños productores que producen fruta de alta calidad tienen otro mérito en este momento: un mercado competitivo.
“Hay muchos empaques que están buscando manzanas en este momento”, dijo, si se trata de fruta de primera calidad.
“Como pequeños productores, podemos sacar adelante una cosecha de calidad, sí la madre naturaleza lo permite. Tenemos la capacidad de controlar lo que se pone en la caja, quizás mejor que quienes operan con varios niveles de administración”, dijo Adams. “Sí dejamos fuera de la caja las manzanas con poco color, la rentabilidad de la cosecha mejora mucho. Probablemente, cualquier fruta que no sea de primera calidad no resulta rentable de cultivar”.
Brown se mostró de acuerdo. Sus bloques de manzanas Gala, Cripps Pink y Ambrosia se gestionan meticulosamente para producir fruta que resulta rentable en el mercado actual. Aplica el producto Apogee (prohexadiona cálcica) varias veces por temporada para mantener los árboles compactos e invierte en un raleo de precisión para que la fruta alcance el tamaño que exigen sus mercados.
“Todo esto va a parar a mercados de exportación de alto valor, por lo que la fruta tiene que ser perfecta”, afirmó.
Dave y Jake Robison, un dúo de padre e hijo que cultiva 120 acres en varias parcelas en Chelan, Washington, han adoptado una estrategia similar.
“Como productor, mi objetivo es volver a trabajar en la huerta, así que basta con preguntase: ‘¿Cuánto vale ese contenedor?’”, explicó Jake. “Una gran empresa tiene que ofrecer manzanas Gala y Fuji, pero nosotros no tenemos por qué producir todas las variedades. Nos enfocamos en aquellas con el potencial de alcanzar los USD $500 por cajón”.
Por lo tanto, solo cultivan las variedades Honeycrisp, SugarBee, y Envy. Además, están probando la variedad Dazzle. Realizaron una importante inversión en renovaciones tras la cosecha de 2012, que Dave recuerda como el último año en el que realmente obtuvieron buenos beneficios. En aquel momento, fue duro tener tanta superficie fuera de producción a la vez. “Ninguno de los dos tiene una maestría en administración de empresas”, bromeó Dave. Sin embargo, las renovaciones les han permitido estar en condiciones de sobrevivir a la crisis actual.

“Me temo que quedarán muy pocos pequeños productores, pero mi padre será uno de ellos”, afirmó Dave. “Podemos apretarnos el cinturón y resistir”.
Anteriormente, ambos hombres obtenían ingresos suficientes de la huerta, pero en los últimos años Jake ha tenido que aceptar un trabajo como supervisor para un empaque, lo que les ayuda a salir adelante. La crisis de ingresos ha dificultado avanzar con sus planes de sucesión. Dave sigue siendo el propietario y se encarga del control de calidad durante la cosecha, mientras que Jake actúa como gerente interino.
Ambos pasan todo el tiempo que pueden en la huerta. Cuando Good Fruit Grower los visitó en octubre, estaban trabajando con los equipos para perfeccionar la cosecha basándose en el color de las manzanas SugarBee. Estar tan cerca de los trabajadores y de la cosecha les permite ajustarse en tiempo real, dijo Jake.

De cara al futuro, a Jake le gustaría ampliar la huerta. Trabajar más acres le permitirían maximizar el uso de su maquinaria. Desafortunadamente, las huertas que están a la venta no son las que vale la pena comprar, afirmó. Además, en los alrededores montañosos de Chelan, predominan las explotaciones frutícolas pequeñas, divididas en numerosas parcelas pequeñas.
Tomemos como ejemplo su huerta, que anteriormente constaba de 18 bloques que cubrían 28 acres. Cada bloque tiene su propio microclima, lo que, siendo él el único administrador, debe tomar muchas decisiones. Ya ha reducido el número de bloques a 12.
“Un administrador solo puede gestionar bien hasta 25 parcelas; en realidad son 75, si se tienen en cuenta los árboles débiles y los árboles fuertes”, afirmó. Con bloques de entre 3 y 4 acres, considera que la carga administrativa es el principal reto, aunque siempre es imprescindible producir fruta de primera calidad.
“Mientras se siga siendo competitivo en calidad y producción, hay formas de mantenerse en el mercado”, afirmó Jake. •
