
Los viticultores de regiones de clima frío, como Míchigan y Nueva York, han logrado cultivar con éxito uvas Vitis vinifera adaptadas a los climas más templados de California y el Mediterráneo. Sin embargo, las técnicas de gestión vitícola aprendidas en esas regiones podrían estar causando más daño que beneficio a las vides a largo plazo.
Las regiones de clima frío, con sus lluvias irregulares y primaveras propensas a las heladas, requieren técnicas de gestión basadas más en el seguimiento del crecimiento de las vides que en el cumplimiento de cronogramas estáticos, según Paolo Sabbatini, profesor de viticultura de la Universidad Estatal de Míchigan (MSU).
En diciembre pasado, Sabbatini participó en una sesión educativa sobre la uva durante la Exposición de Frutas, Verduras y Productos Agrícolas de los Grandes Lagos celebrada en diciembre, cuyo tema principal fue la gestión de los viñedos en regiones de clima frío.
Hans Walter-Peterson, especialista en extensión vitícola del Programa de la Uva de los Finger Lakes de la Universidad de Cornell, sentó las bases al definir que caracteriza una región vitícola de clima frío: temperaturas bajas, una temporada de cultivo relativamente corta y altos niveles de humedad y precipitaciones. Esto incluye el norte del estado de Nueva York y el estado de Míchigan, donde suelen proliferar enfermedades como el moho downy , el botritis y la podredumbre negra.
“Estamos cultivando uvas en condiciones límite”, afirmó Walter-Peterson, en especial variedades de Vitis vinifera, adecuadas para climas más cálidos y secos.
La gestión eficaz de la copa de la vid es fundamental en las regiones de clima frío. Las vides necesitan luz solar y aire para crecer y mejorar la calidad de los frutos, así como para mantenerse secas e inhibir las enfermedades.
“El aire y la luz solar nos ayudan a combatir las enfermedades, porque reducen la necesidad de realizar múltiples aplicaciones”, afirmó.
Los dorsales abiertos también facilitan una mejor penetración del pulverizador.
“No importa lo bien calibrado que este el equipo ni lo bueno que sean las boquillas, ni siquiera el mejor pulverizador puede lograr que el producto atraviese las hojas”, señaló Walter-Peterson. “Necesitas acceso a algún tipo de canal de aire para que los productos lleguen a los racimos”.
Y cuanto menos químicos pulverices, menores serán las probabilidades de desarrollar resistencia al fungicida, afirmó.
En la región vitícola de los Finger Lakes, cada vez más viticultores están incorporando deshojadoras, sopladores y podadoras mecánicas para mejorar el manejo de las copas de las vides. Según explico Walter Peterson, cuanto más alto se realiza la poda, más se evita que los brotes laterales proyecten sombra sobre los racimos.
Sabbatini, de la MSU, analizó las ventajas de la poda de cañas frente a la poda de brotes cortos y cuestionó la aplicación de técnicas y calendarios de manejo vitícola desarrollados en climas más templados.
La investigación de Sabbatini sobre el estrés de las vides y el calendario fenológico ha demostrado que la dependencia excesiva de prácticas importadas en Míchigan puede reducir la supervivencia de las vides durante el invierno y afectar la uniformidad de la brotación en la temporada siguiente. Aun así, estas prácticas siguen utilizándose, en parte porque resultan más fáciles de programar. Según afirmó, reemplazarlas exigirá un cambio cultural por parte de los encargados de los viñedos.
En Michigan, la poda invernal depende cada vez más de cortes de gran diámetro realizados con podadoras y sierras, en un contexto de viñedos excesivamente vigorosos plantados a densidades más bajas. Aunque estos cortes pueden ofrecer soluciones rápidas, también eliminan partes importantes de la madera permanente donde se almacenan las reservas de carbohidratos. Esas reservas son esenciales para el crecimiento temprano en primavera, la brotación y la aclimatación al frío, afirmó.

El uso repetido de cortes de gran diámetro desencadena un proceso de deterioro progresivo. Las heridas actúan como puntos de entrada para los patógenos del tronco que aceleran el deterioro de la vid. Con el tiempo, esta práctica reduce la capacidad regenerativa de la vid, provoca un envejecimiento prematuro y conduce a un declive generalizado de la copa, especialmente en las primaveras frías y húmedas de Míchigan, señaló.
Sabbatini afirmó que buscar una solución química a este problema no dará resultados. La verdadera solución pasa por adoptar una estrategia de poda más precisa y específica.
Abogó por la poda de cañas en lugar de la poda de brotes cortos, señalando que este tipo de poda de cañas preserva más yemas y podría favorecer una mejor recuperación de la vid tras los daños causados por el frío. Asimismo, recomendó un enfoque de poda de cañas de contingencia, que consiste en conserva inicialmente un exceso de cañas como medida de seguridad. En primavera los viticultores reevalúan la viabilidad de las yemas tras su crecimiento en primavera, eliminan la madera muerta o dañada y conservan las cañas mejor posicionadas y más viables para la selección final de poda. •
